¿TERMINÓ LA POLÉMICA SOBRE LA SALSA?

¿TERMINÓ LA POLÉMICA SOBRE LA SALSA?



Leonardo Acosta nació en La Habana Cuba. Durante la década de los años 1950 trabajó como saxofonista con las jazzbands Habana Melodía, Cubamar, Julio Gutiérrez, Benny Moré, Rafael Somovilla, Rey Díaz Calvet, Armando Romeu, Chico O'Farrill y Aldemano Romero (Venezuela), y con grupos de jazz como los de Eddie Shu, Tedd Corabi, Kenny Drew y los que él organizó junto a Frank Emilio (piano), Orlando Hernández (bajo), y Walfredo de los Reyes (batería). Junto a Walfredo de los Reyes, el saxofonista Gustavo Más, el discjockey Horacio Hernández y otros músicos conocedores del jazz, organizó el Club Cubano de Jazz, que llevó a La Habana entre 1958 y 1960 a músicos como Zoot Simms, Mundell Lowe, Stan Getz, Philly Jones y entre otros. Con más de 14 títulos publicados, sus libros sobre música incluyen Música y épica en la novela de Alejandro Carpentier (1981), Música y descolonización (1982), Del tambor al sintetizador (1983), Elige tú que canto yo (1983), Descarga Cubana (2000) y Raíces del Jazz Latino Un Siglo de Jazz en Cuba (2001).

Desde sus inicios y por más de dos décadas, la música que conocemos como Salsa no ha dejado de ser motivo de polémicas sin cuento, tanto en Nueva York como en la Habana, en Caracas como en Cali o San Juan. Los principales temas en debate han sido: ¿Existe realmente la Salsa como una música original? ¿Se trata de un "género", de un "estilo", de una " corriente" o a penas de una "manera de hacer"? ¿Posee elementos originales, o es una mera copia de la música cubana de los años 40 y 50, sobre todo del son? Si es algo más que una moda o un sello comercial, ¿cuáles son sus aportes y cuáles sus diferencias con la música cubana anterior? Finalmente, no podía faltar la discusión sobre quién —y cuando— acuñó el término Salsa, que pegó de inmediato y se internacionalizó.

Referencia
Por: ©Leonardo Acosta La Habana - Cuba

La propia génesis de la Salsa fue problemática. Hoy nadie puede ignorar que sus principales propulsores fueron músicos puertorriqueños residentes o nacidos en Nueva York. Ya desde los años 40 y 50 brillaron en la escena musical neoyorquina varios boricuas y baste recordar que de las tres bandas que abarrotaron el Palladium, la ya legendaria Meca de la música afrocubana y el mambo, dos eran dirigidas por puertorriqueños: la de Tito Puente y la del muy llorado Tito Rodríguez. La tercera fue la de Machito y sus Afrocubanos, que sin duda fue la más importante y la que trazó pautas en la música afrocaribeña de su época. Si a esto agregamos la presencia de otros estelares músicos y cantantes cubanos en Estados Unidos, podemos explicarnos por qué fue nuestra música -aparte de otros factores- la que se impuso entre los hispanoamericanos e incluso entre los públicos tanto negro como blanco de Nueva York y gran parte de los Estados Unidos.

Aparte de Machito (Frank Grillo), su hermana Graciela y el imprescindible Mario Bauzá, estaban Miguelito Valdés, Arsenio Rodríguez, Chano Pozo, Chico O' Farrill, Anselmo Sacasas, René Hernández, Cándido Camero, Vicentico Valdés, Armando Peraza, Gilberto Valdés, Chocolate Armenteros, Mongo Santamaría, Marcelino Guerra y Chombo Silva, entre otros, más los que llegaron a fines de los 50 como Israel López (Cachao) o José Fajardo. Si a esto añadimos el peso de las grabaciones de verdaderas leyendas como Benny Moré o la Orquesta Aragón, puede entenderse porque los puertorriqueños y newyorricans se dedicaron a la música cubana más que a la suya propia; hubo que esperar a Ismael Rivera y Rafael Cortijo para que se prestara atención a la plena y la bomba. En la década de los 60, los ritmos cubanos y sus intérpretes pasaron a un segundo plano debido a dos motivos: la ruptura de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, que impidió el libre flujo de músicos cubanos, y la "invasión" del rock británico, que acaparó la atención del público joven en todo el mundo y desplazó incluso a músicas afronorteamericanas como el jazz y los rhythm & blues, ese popular género que engendró al rock-and roll en los 50 y nutrió al propio rock de los 60.

Los nuevos ritmos cubanos no llegaban ya a Nueva York, y el éxito de la bossa nova brasileña y de la "pachanga" resultaron efímeros ante la incontenible marea roquera. Por otra parte, en USA nunca se habló de "música popular cubana", sino de 'mambo' o 'chachachá'. Y nada parecía surgir para reemplazarlos. Mientras tanto, talentosos músicos de Nueva York (principal centro de difusión mundial de la música cubana) preparaban el relevo: se llamaban Johnny Colón, Héctor Rivera, Joe Cuba (Gilberto Calderón ), los hermanos Charlie y Eddie Palmieri, Joe Bataan, Ray Barreto, Willie Bobo, Bobby Marín, King Nando, Ralfi Pagán, Larry Harlow, TNT Band, Joey Pastrana, Johnny Zamot, Pete Rodríguez.

In 2009, 2010 and 2012 Moro and his partner won the Australian Bachata Championship professional division. Moro also won the Australian Salsa Solo and Open Latin Solo Championships in 2012 and 2014.

Por esos años surgió una nueva modalidad bailable entre los negros norteamericanos: el bugalú (boogaloo), que inspiró a los latinos para crear la fusión que se conoció como Latin boogaloo o "bogaloo latino". Entre los cultores de esta nueva onda estaban Richie Ray, Johnny Colón, los hernanos Lebrón, Joey Pastrana, Pete Rodríguez, Willie Colón, Ray Barreto y el sexteto de Joe Cuba con Jimmy Sabater y Cheo Feliciano. Algunos de ellos emplearon letras en inglés y español y lograron cruzar la fronteras entre distintos públicos: ante todo, en 1967 lograron impactar a los afronorteamericanos, pues en medio de su lucha por los derechos civiles, varios textos de "bugalú latino" expresaban solidaridad con su causa; pero incluso hubo números que se impusieron a escala nacional, llegando a penetrar Joe Cuba en las listas de los hit parade.

Tal como señaló César Miguel Rondón (El libro de la Salsa, 1980); el éxito inmediato del boogaloo y el auge de las descargas improvisadas —siguiendo la pauta trazada por Cachao— contribuyeron a marginar aún más las grandes bandas de los años 50 y a los propios géneros tradicionales cubanos. La reacción no se hizo esperar, y algunos de los 'monstruos' de esta corriente, como Tito Puente, junto con varios empresarios y disc-jockeys, se confabularon contra el boogaloo, que finalmente pasó a mejor vida. Poco después, a finales de los años 60 y a principios de los 70, comienza a abrirse paso, con distintos cambios en los ritmos, orquestaciones y enfoques, lo que pronto se llamó Salsa, de la cual han dicho los críticos Charley Gerard y Marty Sheller (1989) que: "Surgió a la palestra a través de la moderna tecnología del estudio de grabación!" (....) La Salsa fue indudablemente el primer estilo de música latina en que los valores del proceso de producción fueron de importancia primordial. La Salsa fue recibida con enorme interés debido a la promoción que le hicieron los que tenían un interés financiero en su éxito(...) En gran parte, la Salsa se convirtió en la creación de la Fania Records. A fines de los 60, la Fania comenzó a distribuir discos bajo su propio sello y también los de las pequeñas compañías de música latina independientes. La Fania estaba interesada en controlar la dirección de la música que ayudó a popularizar y que distribuyó tan exitosamente por el mundo entero.

Debido a esta tendencia, se quería persuadir a los artistas que no se apartaran del sonido característico que los había dado a conocer. Se insiste aquí en el giro comercial que, en efecto, imprimió la Fania a la música. Entre altas y bajas, aciertos y errores, la disquera promovió, bajo la dirección artística de Johnny Pacheco, cierto auge de la charanga cubana en Nueva York (que ya había inciado Palmieri) y en general, lo que Rondón ha calificado de tendencia "matancerizante", y a la larga perdió su hegemonía al poner trabas a las tendencias más progresivas dentro de la Salsa.

Notas

 

1.  Vernon Boggs. Salsiology: Afro-Cuban Music and the Evolution of Salsa in New York City. New York, Excelsior, 1992.

 

2.  Cesar Miguel Rendón. El libro de la salsa.  Caracas, Editorial Arte, 1980.

 

3.  Charley Gerard y Mary Sheller. Salsa! The Rhythm of Latin Music.  Indiana.  White Clifft Media, 1989.

 

4.  Leonardo Acosta. Del Tambor al sintetizador. La Haban, Editorial Letras Cubanas, 1983.

 

5.  Larry Birnbaum.  «A Botton Man Speaks Out: Andy González, Bassist», en Vernon Boggs. Salsiology: Afro-Cuban Music and the Evolution of Salsa in New York City. New York, Excelsior, 1992.

 

 

Este artículo fue publicado originalmente en el periódico El Nuevo Día, de San Juan, Puerto Rico, el domingo 16 de junio de 1995; luego en Música Cubana, La Habana, No. 0 1997.

 

 

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